ENCUENTS
Revista de Ciencias Humanas,
Teoría Social y Pensamiento Crítico
Abstract
In Colombia, gender-based violence has transcended the private
sphere, establishing itself as a pressing public health and safety
issue rooted in deep-seated structural causes that perpetuate so-
cial inequalities. Addressing this context, this article analyzes the
pervasive nature of this social phenomenon within the Colombian
nation and its school environments, which transforms educational
institutions into sites of intense intersectional conflict. The findings
reveal a growing trend in cases of sexual violence and the persisten-
ce of symbolic violence manifested through linguistic discrimination
and the marginalization of indigenous worldviews. Methodologica-
lly, a hermeneutic-documentary approach was employed. The study
concludes that, despite the country’s domestic regulations and legal
framework, there remains a persistent lack of state protection and
a dearth of approaches tailored to local contexts and their specific
realities. Consequently, there is an urgent need to de-patriarchalize
both education and justice systems to ensure genuine access to
comprehensive reparations and the right to a life free from violence.
Keywords: Gender-Based Violence, Intersectionality, Intercultural
Settings, Symbolic Violence, Sexual Violence.
RESUMEN
En Colombia, la violencia de género ha trascendido el espacio
privado para consolidarse como un problema de salud y seguridad
pública, puesto que mantiene profundas raíces estructurales que
perpetúan las desigualdades sociales. Atendiendo a lo anterior,
el artículo analiza cómo este fenómeno social invade a la nación
colombiana y a los entornos escolares, transformando las institu-
ciones en espacios de alta conflictividad interseccional. Esto revela
una tendencia creciente de los casos de violencia sexual y a la
persistencia de la violencia simbólica a través de la discriminación
lingüística y de la cosmovisión autóctona. Metodológicamente, se
hizo empleo del método hermenéutico-documental. Se conclu-
ye que, pese a la normativa interna y el orden legal de la nación,
persiste la desprotección por parte del Estado, además de una
carencia de enfoques situados en el entorno y su realidad. Por esta
razón, resulta necesario despatriarcalizar la educación y la justicia,
garantizando que sea posible el acceso a la reparación integral y a
una vida libre de violencia.
Palabras claves: Violencia de género, interseccionalidad, entornos
interculturales, violencia simbólica, violencia sexual.
RECIBIDO: 27/09/2025
ACEPTADO: 11/12/2025
ViOLENCiA DE GÉNERO EN ENTORNOS iNTERCULTU-
RALES: DE LAS TENSiONES iNTERSECCiONALES A LA
iNVASiÓN DEL ÁMBiTO ESCOLAR
Gender-based violence in intercultural settings:
From intersectional tensions to the invasion of the school
environment

Sayuris Yelind Martínez Salas
Universidad de La Guajira,
Colombia.
smartinezs@uniguajira.edu.co


Este trabajo está depositado en Zenodo:
 https://doi.org/10.5281/zenodo.20560356
Claudia Patricia Salcedo Nieto
Universidad de La Guajira, Colombia.
csalcedon@uniguajira.edu.co


Clara Judith Brito Carrillo
Universidad de La Guajira,
Colombia.
clarabrito@uniguajira.edu.co


Sayuris Marnez, Claudia Salcedo y Clara Brito
Violencia de género en entornos interculturales: De las...
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ARTICULO
INTRODUCCIÓN
América Latina es un espacio so-
cial de relaciones de encuentro, con-
vivencia y de construcciones cultu-
rales permanentes. Esta capacidad
de dialogicidad y de relaciones entre
las distintas alteridades, conducen
al florecimiento de territorios inter-
culturales, los cuales se definen por
la convergencia y funcionalidad que
existe entre distintas heterogeneida-
des, cuyo fin radica en crear nuevas
formas de convivencia. Entendido de
esta manera, el territorio es maleable
y no estático, sino abierto a prácti-
cas diferentes y equitativas (Gómez,

En el caso colombiano, más allá
de las divisiones departamentales im-
puestas, se consideran las prácticas
sociales y la participación de rela-
ciones efectivas entre seres huma-
nos, distintas culturas y multitud de
agentes comunicativos para definirla
como un territorio intercultural, donde
se da un encuentro permanente entre
indígenas y mestizos, entre centros
urbanos y rurales, entre nacionales
y migrantes, creando espacios para
la construcción de relaciones que no
dejan de ser tensas, conflictivas y un
reflejo de las dinámicas sociales. . .
En estos espacios, la violencia de
género ha trascendido de lo privado
a lo público, de las tensiones inter-
seccionales a los espacios escolares,
consolidándose como un problema de
salud pública y como una crisis sani-
taria que compromete la estabilidad
de la región. En el caso específico de
Colombia, dicho fenómeno mantiene
matices complejos debido a la estruc-
tura machista y patriarcal que, históri-
camente, ha justificado la dominación
y ha contribuido con la permanencia
del conflicto armado y de sus secue-
las, como el desplazamiento forzado,
donde el cuerpo de niñas y mujeres
se disputa, al igual que se gestiona el
control territorial.
Para niñas y mujeres indígenas,
afrodescendientes, campesinas y
migrantes, esta violencia intersec-
ta varias condiciones adicionales, la
de ser mujer, de origen cuestionado
y pobre. Esto no se ve como hecho
aislado, sino como una manifestación
de la colonialidad del poder y de la
violencia ontológica que jerarquiza
identidades que crea estructuras y je-
rarquización de identidades, a la vez
que niega las diferencias, generando
desconfianza de la víctima y ruptura
en el tejido social.
Lejos de constituirse como entor-
nos naturales, las escuelas en Colom-
bia han radicalizado estas estructuras,
situándose en una mirada androcén-
trica y de hegemonía occidental. En
virtud de lo anterior, el artículo tiene
como propósito analizar cómo la vio-
lencia de género incide sobre niñas y
mujeres en Colombia, particularmen-
te en su invasión al entorno escolar,
transformando espacios que deberían
ser seguros en instituciones de repor-
tes de casos de violencia estructural.
En el caso puntual del Departa-
mento de La Guajira se evidencia
una configuración territorial que am-
plía las vulnerabilidades de género y
sus distintas manifestaciones. En un
territorio así, con alta ruralidad, limi-
taciones educativas, sanitarias y judi-
ciales, la presencia de mujeres indíge-
nas y afrodescendientes es elevada,
particularmente en la Alta Guajira, en
municipios como Maicao, Manaure y
Uribia. Esta problemática se desarro-
lla en un entorno intercultural donde
se entrelazan lo normativo del poder
estatal y la autoridad tradicional. Esta
superposición produce un escenario
donde la violencia de género se com-
prende como parte de un problema
de desigualdad territorial persistente.
En este escenario, la violencia de
género en La Guajira es instituciona-
lizada y agravada por la pobreza y la
presencia lejana del Estado, lo que
limita el acceso a servicios básicos
como el agua potable. Esta precarie-
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ARTICULO
dad no es neutral, sino que recae sobre
mujeres y niñas, que asumen respon-
sabilidades domésticas que intervie-
nen en su continuidad académica.
El método empleado es el de ex-
ploración hermeneútico-documental.
Para el desarrollo del artículo se uti-
lizan repositorios institucionales de
amplia credibilidad, como Scopus,
Scielo, Google Académico, Dialnet,
entre otros. Se apunta a una denun-
cia activa sobre este tipo de violencia
y a la desprotección estatal que re-
victimiza mujeres y niñas, generando
indefensión y mantenimiento de un
orden patriarcal caduco.
PRECISIONES CONCEPTUA-
LES SOBRE LA VIOLENCIA DE
GÉNERO
De acuerdo con lo planteado con
      
género es un problema político que se
refiere a cualquier acción, conducta
u omisión basada en la identidad de
género, cuyos efectos sean daño, su-
frimiento o daños a mujeres y niñas
con la finalidad de anular o menosca-
bar sus derechos políticos. Para Ma-

acto casual, sino un problema social
con dimensiones pandémicas, que se
arraiga en una estructura patriarcal
que se transmite generacionalmen-
te por medio de procesos culturales,
educativos y familiares que naturali-
zan la dominación masculina.
A tal efecto, este tipo de violencia
opera en niveles articulados entre sí,
como la violencia simbólica o uso de
estereotipos que representan a las
mujeres como menos aptas para el
ejercicio político y ciudadano; la vio-
lencia institucional o la serie de prác-
ticas que originan baja representación
ciudadana de las mujeres en la vida
social, además de suscitar una divi-
sión sexual del trabajo político. donde
se designa a las mujeres hacia áreas
de trabajo feminizadas y de menor
rango político; la violencia interper-
sonal, que incluye humillaciones, in-
sultos, interrupciones en el discurso,
castigos físicos, entre otros aspectos.
Esta estructura se sustenta en lo

injusticia epistémica, una práctica ins-
titucionalizada que devalúa a niñas y
mujeres, así como a sus testimonios,
poniendo en duda su credibilidad,
basándose en sesgos de género pre-
existentes. Esta posición es concor-
dante con lo que expone Vidal et al.
-
lencia como una violencia ontológica,
donde el sistema ignora los relatos y
formas de vida femenina, además de
cuestionar sus derechos, situándolas
como subjetividades negadas dentro
del tejido social.
    
en el derecho se debe a la andro-
centricidad, donde las normas y los
procesos judiciales fallan en favor de
parámetros masculinos, ignorando las
experiencias específicas de mujeres
y niñas, dificultando un acceso real
a la justicia. Este tipo de negligencia
no es solo técnica, sino una forma de
institucionalizar la violencia, masifi-
cándola en los operadores de justicia
que actúan con sesgos de género a
la hora de evaluar casos bajo ópticas
patriarcales que culpan a las víctimas
y justifican a los agresores.
En el siglo XXI, la masificación del
Internet, la proliferación de las redes
sociales y el avance de las Tecnolo-
gías de la Información y Comunica-

de la violencia de género a través de
ataques trolls, la desinformación, y
la misoginia, desalentando su papel
dentro de los espacios sociales. Para
     
tecnológica ha facilitado la globaliza-
ción de la violencia. En este proceso,
los avances de las comunicaciones
son utilizados por entidades paralelas
para fomentar las desigualdades y las
formas de explotación que en antaño
eran locales.

la violencia digital, como violencia de
Sayuris Marnez, Claudia Salcedo y Clara Brito
Violencia de género en entornos interculturales: De las...
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ARTICULO
género, crea nuevas vulnerabilidades
y asimetrías para perpetuar la domi-
nación y el control establecido en la
sociedad, intensificado por medio
del acoso, cyberstalking, la violencia
sexual tecnologizada, la difusión de
imágenes sin consentimiento, el ci-
bercontrol y la vigilancia.
Las nuevas modalidades de las
tecnologías producen efectos de
desinhibición de la violencia, puesto
que el anonimato o la falta de contac-
to real hace que los agresores actúen
con mayor crueldad y frecuencia,
agravando el daño percibido por las
víctimas.
A propósito de esto, la permanen-
cia de contenidos en la red hace que
la agresión sea constante, difícil de
borrar y con efectos directos sobre el
espacio privado y público de las víc-
timas. Como mecanismo de defensa,
las niñas y mujeres se apartan de las
redes sociales o limitan su vida públi-
ca, lo que se constituye una pérdida
de individualidad, autonomía y espa-
cios de acción en la esfera digital.
Siguiendo esta línea argumentati-
va, la violencia adquiere un carácter
pedagógico negativo, cuyo fin radi-
ca en disciplinar y castigar la trans-
gresión de las mujeres que ostentan
ocupar el espacio público y romper
el orden patriarcal convencional. En-
tendido así, se reconoce que la vio-
lencia de género no es simétrica ni
opera de la misma forma, pues cada
caso es particular e interseccional; es
decir, factores como la raza, la etnia
o la orientación sexual profundizan
los niveles de violencia, donde el pa-
triarcado y el racismo intensifican la
represión, la cosificación y la subre-
presentación de las mujeres, princi-
palmente mujeres indígenas y afro-
descendientes.
    -
mas de violencia se sustentan en la
colonialidad del poder, como una ma-
nifestación del poder del sistema glo-
bal que reorganiza las relaciones so-
ciales, estableciendo estratificación
y jerarquización de identidades cul-
turales y sexuales. En este contexto,
el conocimiento, así como el derecho,
no son neutrales, sino campos de dis-
puta para el ejercicio del poder, don-
de la diferencia es progresivamente
silenciada.
La naturalización de estas agre-
siones, se mimetizan bajo la retórica
de la confrontación política legítima,
lo que genera una invisibilidad estruc-
tural del daño. Como consecuencia, la
violencia de género provoca efectos
adversos, tales como el miedo, el es-
trés, la hipervigilancia, la angustia psi-
cológica. Según Maigua & Hernández
-
lógicas pueden agudizarse y derivar
en condiciones clínicas severas como
el Trastorno de Estrés Postraumático,
depresión e ideación suicida, acom-
pañado de alteraciones fisiológicas,
tales como trastornos alimentarios e
insomnio.
Lo anterior se constituye en obs-
táculos evidentes para el desarrollo
social, la consolidación de los dere-
chos humanos y el cumplimiento de
los objetivos de desarrollo sostenible
en la región latinoamericana. Según
     -
lencia de género debe ser abordada,
no solo como una infracción legal,
sino como una crisis de salud pública
que compromete el bienestar psico-
físico de niñas y mujeres y, por ende,
el capital social de la región. A esta
problemática estructural, se suma la
falta de interés del Estado en inver-
tir en la formación política de niñas y
mujeres desde un enfoque intersec-
cional, como vía de lucha alternativa
y de reivindicación de colectivos de
mujeres minoritarias.
En tal sentido, las instituciones
que deben garantizar el derecho han
cometido errores y fallado al no adap-
tarse a la complejidad de las violen-
cias actuales, permitiendo el abuso
de poder, haciendo de este una co-
tidianeidad en América Latina (Vidal
    
coincide con lo planteado por Tene-
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ARTICULO
-
tienen que el Estado es responsable
de la violencia ejercida por sus fun-
cionarios, pero también cuando omite
proteger a niñas y mujeres por agre-
siones cometidas en cualquier ámbito
o espacio social.
     
violencia de género ha dejado de ser
un conflicto del privado para escalar
hacia un problema de seguridad pú-
blica que demanda que el Estado no
solo actúe como sancionador, sino
como un agente de transformación de
las estructuras de poder. En acuerdo
-
ca que el contacto con el sistema de
justicia suele derivar en una victimi-
zación secundaria, donde la mujer es
sometida a procedimientos burocrá-
ticos insensibles, interrogatorios re-
petitivos y un cuestionamiento cons-
tante de su relato, lo que genera un
nuevo daño provocado por el propio
Estado.
Un ejemplo claro de esta realidad
es demostrado en las formas en que
la violencia institucional genera cons-
tructos pseudocientíficos para desa-
creditar a las madres y así retirar de
su papel dentro de la custodia com-
partida, invalidando sus denuncias
previas. Para subvertir esta situación,
resulta imperativo que las institucio-
nes estatales adopten enfoques in-
terseccionales y de género de cum-
plimiento obligatorio, asegurando así
que la respuesta institucional no se lí-
mite a sanciones, sino a la reparación
integral de las víctimas.
La desprotección estatal no sólo
revictimiza a niñas y mujeres, sino
que fractura la confianza en el Estado
e incremente las cifras negativas de
violencias no denunciadas, estable-
ciendo un estado de indefensión. Se-
    -
cindible despatriarcalizar el derecho y
el sistema de justicia, como una forma
de transformar la cultura judicial, de
modo que cese la reproducción de la
violencia.
Ahora bien, a la falta de confianza
institucional se suman otras barreras
como la dependencia económica y
emocional como factores que suelen
silenciar a las víctimas, incluso ante
marcos normativos operantes. Con-
secuentemente, resulta relevante no
solo plantear la posibilidad de refor-
mas legales, sino impulsar una cultura
de debate y la concienciación social
como medios de denuncia de la ar-
bitrariedad y de formas de construir
nuevos imaginarios sociales.
LA VIOLENCIA DE GÉNERO EN
COLOMBIA COMO PRÁCTICA
SOCIAL
En Colombia, la violencia de géne-
ro ha sido uno de los temas centrales
de debate, principalmente desde en
el marco del conflicto armado prece-
dente que ha hecho de la violencia un
arma de guerra para el control de las
poblaciones interculturales, afectan-
do a mujeres campesinas, indígenas
y afrodescendientes. Se trata de la
violencia ontológica denunciada por

que el conflicto borra la subjetividad
de las mujeres, negándoles los dere-
chos elementales, haciendo de sus
cuerpos un terreno en disputa. Esta
invisibilidad es histórica y ha sido si-
lenciada bajo discursos políticas que
han retrasado el ejercicio pleno de
políticas públicas y democráticas es-
pecíficos.
    
que el tema de la violencia de género
en Colombia no puede analizarse sin
la intersección entre género, raza y
clase, específicamente en regiones
periféricas e interculturales, como las
antes descritas, donde el abandono
por parte del Estado es mayor. Esta
interseccionalidad es crítica, pues
estas niñas y mujeres enfrentan vul-
nerabilidades aún mayores que se ha
entrelazado con el desplazamiento
forzado, la migración y el racismo es-
tructural. No se trata de una suma de
variables, sino la multiplicación cons-
tante de vulnerabilidades: ser mujer,
Sayuris Marnez, Claudia Salcedo y Clara Brito
Violencia de género en entornos interculturales: De las...
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ARTICULO
ser indígena/afro/campesina/migran-
te y ser pobre. Una niña migrante si-
tuada en un entorno rural colombiano
no solo enfrenta discriminación por
ser mujer, sino xenofobia por su es-
tatus migratorio, además de la falta
de recursos económicos y el acoso
sexual por parte de compañeros o
docentes, ante la amenaza de la de-
portación o expulsión de la institución
escolar.
Este abandono gubernamental se
ve agravado por las representaciones
sociales que se construyen en torno
a lo femenino en Colombia, reforzan-
do la visión de niñas y mujeres como

distorsión de las relaciones de poder
deshumaniza a la mujer, despoján-
dole de su condición de ente libre y
pensante, como manifestación de una
violencia ontológico o un condiciona-
miento biopolítico que disciplina los
cuerpos a la vez que homogeneiza y
subsume las diferencias.
Según los datos del instituto Na-
 


En cuanto a cifras reportadas por las
entidades, estas pueden desglosarse

Tabla 1. Distribución geográfica
de los casos de violencia de gé-
nero
Nivel Territorial Entidad/Municipio Número de Casos
Departamental o Distrital
Bogotá 14.427
Antioquia 7.67 0
Cundinamarca 6.040
Cali 3.177
Valle del Cauca (resto) 2.969
Santander 2.830
Huila 2.722
Municipal

Medellín 2.745
Soacha 1.351
Bucaramanga 794
Pereira 710
Neiva 674
Fusagasugá 653
Montería 637
Cúcuta 624
Fuente:
Asimismo, el Centro de Estudios

-
    
-
vieron como víctimas a mujeres, sien-
do niñas menores de catorce años las
más afectadas. En lo tocante a violen-


siendo la violencia doméstica la más
denunciada.
ENCUENTS
49
Revista de Ciencias Humanas,Teoría Social y Pensamiento Crítico
27 Mayo – Agosto (2026). PP: 43-56
ARTICULO
Según la Corporación Excelencia

Colombia obtuvo una puntuación de

del Georgetown Institute for Women.
Dicho resultado deja en evidencia un
desempeño preocupante, pues ubica
a la nación en el grupo de naciones
con peor desempeño en la materia.
Al compararse con otras naciones de
América Latina y el Caribe, supera a
países como México y El Salvador;
sin embargo, queda rezagada ante
países vecinos como Ecuador, Bra-
sil y Venezuela. Al respecto, se deja
en evidencia el deterioro de factores
como la inclusión, la vida económica,
la interacción política, el acceso a la
educación, a la telefonía móvil, al em-
pleo, a la representación femenina en
el poder político, como condicionan-
tes de esta realidad, lo que sugiere
brechas estructurales que impiden el
pleno desarrollo y la persistencia de
contextos de dominación patriarcal.
En cuanto a las poblaciones indí-
genas, Colombia presenta tasas ele-
vadas de violencia de género. Según


tendencia creciente a la violencia de

-
ración con la población afrodescen-
diente que presentó un promedio de

corresponden a mujeres indígenas,
pero reafirmando que este número
podría ser mayor, debido a la invi-
sibilización de la violencia debido a
temas cultural y barreras ideológicas
que impiden un manejo adecuado de
las cifras.
En el caso puntual del Departa-
mento de La Guajira, este fue seña-
lado como una de las entidades te-
rritoriales del Caribe con un aumento
considerable de las estadísticas de
violencia de género. En el caso parti-
cular de Maicao, esta entidad reporta
-

-
partamento, la Policía Nacional, la Co-
misaría de Familia y la Fiscalía General
son percibidas como ineficaces
Esta desconfianza se ve reflejada
en cifras que coinciden con lo plantea-
do anteriormente. Para el Danish Re-

    
de violencia de género en el Departa-
mento de La Guajira, específicamente
en Riohacha y Maicao, afectando al
  
-
-


en la convivencia con el agresor. Si
bien Maicao o Riohacha tienen tasas
menores con respecto a otras pobla-
ciones como Tocancipá o San Agus-
tín, el aumento de casos contribuye
a la generación de alertas roja ante
el comportamiento hacia poblacio-
nes indígenas, afrodescendientes,

En cuanto a la violencia sexual
contra mujeres indígenas, este esce-
nario se vio especialmente condicio-
nado por el conflicto armado y por las
comunicaciones. En el pueblo Nasa,
las sobrevivientes enfrentan obstácu-
los importantes a la hora de acceder
a la justicia, además de una revictimi-
zación por parte de las autoridades,
además de la exclusión del tejido so-

de las infantes, la violencia sexual se
asocia a la unión a grupos militares
disidentes como forma de buscar jus-
ticia ante la inacción del Estado y de
sus propias comunidades.
En este escenario, la violencia de
género en el Departamento de La
Guajira se comprende como una vio-
lencia estructural y territorializada,
en la cual las condiciones como la
pobreza, las barreras en el acceso a
servicios básicos, la disparidad en los
roles laborales, entre otros aspectos,
operan como factores que maximizan
la subordinación de la mujer e invi-
sibilizan su condición como sujetos
de derecho. Estas precariedades no
Sayuris Marnez, Claudia Salcedo y Clara Brito
Violencia de género en entornos interculturales: De las...
ENCUENTS
50
ARTICULO
son neutrales, sino producto de una
región marcada por las diferenciacio-
nes sociales, donde niñas y mujeres
deben asumir roles domésticos des-
de temprana edad, interfiriendo en su
continuidad escolar y en el desarrollo
de su autonomía.
Esto corresponde a un tipo de
violencia cultural, intracomunitaria e
interseccional, con repercusión so-
bre la vida y salud de las comunida-
des indígenas. Ahora bien, la condi-
ción fronteriza de La Guajira añade
un elemento complejo, como lo es
la movilidad e intercambio diario en-
tre Colombia y Venezuela. Los flujos
migratorios binacionales, producto de
la crisis venezolana, ha incrementa-
do nuevas dinámicas de informalidad
económica y de nuevas vulnerabilida-
des sociales para niñas y mujeres. En
este escenario, población femenina
Wayuu es desplazada de Venezuela
hacia Colombia, enfrentando riesgos
mayores, como la violencia sexual en
la frontera, que se constituye en un
espacio liminal donde se desvanece
la protección del Estado y la legalidad
del sistema.
Según el Ministerio de Salud de
-
nezolanas agrava la situación de la
violencia de género, puesto que au-
mentan los índices de vulnerabilidad.

de casos en el Departamento de La
Guajira, involucrando a población fe-
menina migrante. Esta situación ha
disparado la violencia sexual, los con-
troles territoriales y la discriminación
de mujeres indígenas Wayuu, limitan-
do su acceso a la salud y la educa-
ción. Otra realidad radica en el acoso
escolar que sufren niñas y adolescen-
tes Wayuu, producto del desconoci-
miento o distanciamiento con rituales
culturales llevados a cabo en la pu-
bertad como el encierro (majayüt), lo
cual genera burlas y exclusión.
El surgimiento de nuevas modali-
dades de economía informal, produc-
to de la migración, suscita la presencia
de actores armados y de redes ilícitas
en el Departamento de La Guajira,
aumentando el riesgo de la violencia
de género. De esta manera, el cuer-
po femenino se convierte en medio
de intercambio, coerción y control
en territorios que, por su naturaleza,
deben ser sinónimos de interculturali-
dad y de garantía en el cumplimiento
de los derechos sociales. Este tipo de
violencia afecta la continuidad y per-
manencia de niñas y adolescentes en
los espacios escolares.
En otro orden de ideas, las mujeres
afrodescendientes también padecen
esta violencia en Colombia. Según el

como el Pacífico, la presencia del Es-
tado es limitado y la violencia contra
esta población de mujeres es contun-
dente. En el caso de ciudades, como
Bogotá, el racismo se intensifica y
las violencias se configura en entra-
mados físicos, psicológicos, sexua-
les, simbólicos y económicos. Si bien
podría considerarse que la violencia
sexual ocurre en el ámbito privado, la
violencia simbólica y psicológica es
constante en el espacio público, evi-
denciado como desprecio, insultos y
agresiones verbales permanentes.
En lo tocante a la violencia sobre
mujeres migrantes, estas sufren ries-
gos derivados de estereotipos sexua-
les, de lógicas patriarcales, de la cul-
tura machista y de la falta de acceso
a los órganos de justicia. Asimismo,
padecen dificultades a la hora de ac-
ceder empleos y a crecer personal y
profesionalmente, como forma de co-
locar trabas y generar desprotección
estatal. Las mujeres que llegan o salen
de Colombia mediante la migración y
que toman vías irregulares, indican
que sus viajes se vieron marcados por
la extorsión, el acoso, el contrabando
y la corrupción institucional. Esta rea-
lidad, aunque ampliamente conocida,
ha sido poco denunciada por las mi-
grantes, quienes temen al estigma, la
deportación o la pérdida del trabajo.
Dichos riesgos, reafirman lo propues-
-
ción de la violencia, donde los flujos
ENCUENTS
51
Revista de Ciencias Humanas,Teoría Social y Pensamiento Crítico
27 Mayo – Agosto (2026). PP: 43-56
ARTICULO
migratorios se aprovechan por es-
tructuras paralelas al Estado para fo-
mentar nuevas formas de explotación
de género transnacional.
La Defensoría del pueblo de Co-

   -
ban con el liderazgo femenino, aunque
padecían un nivel de pobreza multidi-
-
bargo, en este sector de la población,
      
agredidas de forma no fatal, además
de, en muchos casos, ser obligadas a
dedicarse al trabajo no remunerados,
lo que limita su autonomía económica
y las expone a la dependencia de las
masculinidades hegemónicas.
A pesar de los esfuerzos institucio-
nales por hacer lucha contra la violen-
cia de género en territorios intercul-
turales, esta sigue en escalada, con
violación de los derechos humanos,
aumentando los desafíos inherentes a
este fenómeno. Para la Corte Consti-
-
cia en contextos indígenas e intersec-
cionales, no responde a un hecho de
victimización, sino a un conflicto en
crecimiento, que afectan las dinámi-
cas familiares y modifica la interacción
entre las familias y las comunidades.
En este contexto, las comunidades
indígenas, muchas veces, silencian los
actos de violencia sexual y no inician
denuncias judiciales, lo que limita el
acceso a datos reales sobre este fenó-
meno. En el pueblo Nasa, esta realidad
es grave y se ha documentado que el
hurto menor es castigado con mayor
severidad que la violencia sexual en el
sistema de justicia de esta comunidad
indígena. Este es un claro ejemplo de
la androcentricidad de los sistemas
normativos propuesta por Bodelón

bienes jurídicos operan para priorizar
la propiedad sexual de las mujeres, re-
flejando una distorsión de género que
invade la justicia comunitaria.
Dentro de una perspectiva inter-
seccional, es necesario identificar
cómo los prejuicios y estrategias de
violencia de género crea condiciones
de marginación basados en el territo-
rio, la etnia, la raza y el pensamiento
divergente. Estos enfoques apuestan
por el reconocimiento a la diferencia,
no desde la mirada hegemónica oc-
cidental, sino desde las particularida-
des culturales que permitan avanzar
hacia una vida libre de violencia para
mujeres y niñas de la nación. Este
avance hacia la consolidación de la
diversidad sexual y cultural es posi-
ble gracias a las alianzas estableci-
das por los movimientos sociales en
Colombia y la academia colombiana
quienes, según Rodríguez & Ibarra

violencia de género y el dolor privado
para transformarlo en una agenda de
lucha por los derechos humanos.
PROYECCIÓN DE LA
VIOLENCIA DE GÉNERO EN
LAS ESCUELAS
En Colombia, la violencia contra
niñas y mujeres no es solo física, sino
un proceso de cosificación del ser que
ha sido llevado a cabo históricamen-
te. En el caso concreto de la violencia
en entornos o espacios intercultura-
les, la escuela, al ignorar o negar las
cosmovisiones originarias de pueblos
indígenas o afrodescendientes, así
como las voces de mujeres migran-
tes, campesinas o desplazadas del
conflicto armado, les despoja de su
capacidad de agencia, obligándolas a
formar parte de estadísticas silencio-
sas y a mantener un estigma interiori-
zado y aceptado.
Las instituciones educativas han
pasado de ser espacios seguros a
sitios de continuos reportes de vio-
  -
      
ciberacoso, con una incidencia aún
mayor en Bogotá, donde las alertas
han ido creciendo, aumentando en

Observatorio de Derechos Humanos
-
sos de violencia de género en niñas
Sayuris Marnez, Claudia Salcedo y Clara Brito
Violencia de género en entornos interculturales: De las...
ENCUENTS
52
ARTICULO
-

este tipo de violencia encuentra am-
pliamente pronunciada en el ámbito
escolar y estudiantil. En este caso,
la violencia sexual de docentes hacia
estudiantes es el más denunciado.
Como puede apreciarse, este tipo
de violencia no opera de forma ais-
lada, sino que es la respuesta a es-
tructuras sociales viciadas y en fran-
co deterioro. Para las poblaciones
indígenas, campesinas, afrodescen-
dientes, desplazadas por el conflicto
armado o migrantes y refugiadas, la
escuela se convierte en un espacio
donde se viven diferentes opresiones
y distintas lógicas interseccionales,
donde se interconecta la edad, la et-
nia, las discapacidades, la condición
socioeconómica, entre otros aspec-
tos. Se trata de un hecho que modi-
fica las formas de vida y genera una
lucha constante de niñas y mujeres
por la preservación de su identidad.
Según el Instituto Nacional de Sa-

y afrodescendientes han reportado
una tasa creciente de violencia de
género, como una tendencia histórica
creciente. De estos casos, las niñas
que logran acceder a la educación
enfrentan retos adicionales, como el
distanciamiento de las comunidades
de la escuela, lo que les expone a ro-
bos, riesgos sexuales o secuestros,
particularmente en zonas de alta con-
flictividad.
A esta problemática se añade la
discriminación por vestimenta o por
el uso de su lengua autóctona, lo que
constituye un tipo de violencia inter-
cultural. Mismo caso sucede con las
mujeres afrodescendientes, con un
reporte mayor de violencia en entor-
nos escolares producto del racismo
y del sexismo interiorizado como vio-
lencia simbólica y psicológica. Esta
radicalización de la violencia coarta el
derecho a la educación y las posibili-
dades de avanzar hacia el desarrollo
sostenible.

durante el primer semestre del año
     
cifra más elevada de los últimos años,
-
presenta un incremento porcentual
con respecto a años anteriores. Este
fenómeno afecta de manera más con-
tundente a las instituciones educati-
-
sos frente a los 374 denunciados por
colegios privados. Demográficamen-
te, el grupo más vulnerable se en-
cuentra conformado por adolescen-
 
     

reportes y niñas entre 3 y 5 años con

Esta tendencia refleja el deterio-
ro del entorno escolar y la continui-
dad de escenarios precarios y de la
violencia interseccional. Factores ex-
ternos, como la pobreza, normalizan
elementos que perpetúan la violencia
dentro de la escuela, como el emba-
razo adolescente, con 873 registros

casos reportados de consumos de
droga dentro de las escuelas (Conce-

En este escenario, la escuela deja
de ser un territorio neutral y se con-
vierte en un campo de violencia de
género, de una ampliación del control
territorial, donde el cuerpo de las ni-
ñas indígenas, afrodescendientes y
demás víctimas, es instrumentalizado
para quebrar definitivamente el tejido
social. A pesar de los acuerdos lega-
les o de los históricos acuerdos de

protocolos específicos para atender
la violencia escolar en territorios in-
terculturales. El reto radica en cómo
las instituciones educativas pueden
superar estas tensiones, a la vez que
tratan de atender a sectores vul-
nerables, como las niñas indígenas,
afrodescendientes, campesinas o mi-
grantes.
ENCUENTS
53
Revista de Ciencias Humanas,Teoría Social y Pensamiento Crítico
27 Mayo – Agosto (2026). PP: 43-56
ARTICULO
PROYECCIÓN DE LA VIO-
LENCIA DE GÉNERO EN LAS
ESCUELAS EN EL DEPARTA-
MENTO DE LA GUAJIRA
Dentro del departamento de La
Guajira, Maicao es el segundo muni-
cipio con mayor incidencia en violen-
cia de género, siendo superada por
Riohacha. Según la Organización de
las Naciones Unidas para la Infancia
    
afecta de forma desproporcionada a
niñas y adolescentes en edad escolar
      -
 
-
 
de edad. Asimismo, este organismo
internacional identifica otros escena-
rios de violencia, como la mutilación
genital (al menos 9 casos reportados
       -
fantil, ocupando La Guajira el cuarto

son obligadas a casarse,
Como puede apreciarse, la fami-
lia y la vivienda son los lugares más
próximos e inseguros donde ocurren
      -
niendo un impacto directo sobre la
educación de las víctimas, tales como
el bajo rendimiento académico, la de-
serción escolar, entre otros. Las niñas
y adolescentes expuestas a violencia
continuada desde temprana edad
tienden a normalizarla, lo que perpe-
túa el ciclo de la agresión en etapas
posteriores a la educativa (Instituto
Nacional de Medicina Legal y Cien-

En este escenario, la escuela no
funciona solo como una institución
dedicada a la transmisión del saber.
Según el Ministerio de Educación de
-
nero en la escuela se manifiesta en
forma de acoso, violencia sexual, dis-
criminación y exclusión, afectando el
desarrollo de niñas y adolescentes.
Este organismo nacional indica un
incremento de casos de violencia de
género en entornos educativos, en

teoría sigue siendo una tasa baja en
comparación con otras regiones, no
puede negarse las barreras culturales
de estas tierras y el subregistro y en-
cubrimiento de la violencia.
Dentro de los enfoques intersec-
cionales, la escuela opera como un
ente reproductor de jerarquías de gé-
nero y étnicas. Si bien no puede ne-
garse el valor de la educación como
derecho humano y para aumentar las
posibilidades de movilidad social, la
escuela puede convertirse en repro-
ductora de lógicas excluyentes, dis-
criminatorias, donde se normalizan
prácticas patriarcales, afectando la
estabilidad de niñas y adolescentes
indígenas, afrodescendientes y mi-
grantes.
En este escenario, no puede per-
derse de vista la violencia simbólica,
la cual se manifiesta en la desvalori-
zación del wayuunaiki, haciendo del
castellano y del monolingüismo la
única y legitima lengua de transmisión
del saber. Dichas prácticas amplían
los alcances de la injusticia epistémi-
ca y debilita la posibilidad de encuen-
tros interculturales y de rescate de lo
autóctono en la región.
A esta dura realidad se añaden
los reportes de violencia sexuales
en entornos escolares rurales que,
en contextos donde el Estado y su
protección no alcanza, este tipo de
violencia es solucionado por meca-
nismos tradicionales y culturales,
como los acuerdos comunitarios, que
no siempre garantizan la reparación
y la protección de la mujer. Pese a
que esta realidad ha sido tratada de
atenderse conformando autoridades
indígenas, comisarías familiares y el
liderazgo de las escuelas, persiste la
desconexión entre lo institucional y lo
comunitario, dejando de lado aspec-
tos relevantes para garantizar la in-
clusión como el acceso al transporte
escolar, la protección ante el acoso,
como medios de minimizar la deser-
ción escolar femenina, sobre todo en
la educación secundaria, cuando esta
Sayuris Marnez, Claudia Salcedo y Clara Brito
Violencia de género en entornos interculturales: De las...
ENCUENTS
54
ARTICULO
problemática suele coincidir con otros
atenuantes como el embarazo ado-
lescente y la interrupción del proyec-
to educativo, perpetuando los ciclos
intergeneracionales de pobreza.
CONCLUSIÓN
La violencia de género en entor-
nos interculturales demanda de un
cuidadoso análisis que trascienda el
enfoque eurocéntrico, moderno y co-
lonial, haciendo reconocimiento de
las peculiaridades de las poblaciones
indígenas y afrodescendientes. En
este escenario, niñas y mujeres en-
frentan violencias múltiples que son el
resultado de la intersección de géne-
ro, etnicidad, clase social, condición
migratoria, origen del desplazamien-
to, entre otros aspectos.
En Colombia, las instituciones
sociales, entre ellas la escuela, re-
producen lógicas coloniales que su-
bordinan el saber y conducen a la
periferia saberes y prácticas distintas.
Esta subordinación cultural no es más
que una cara oculta de la violencia:
la violencia simbólica que opera en
forma invisible, prohibiendo el uso de
atuendos tradicionales, el hablar sus
propias lenguas o mantener prácticas
religiosas de antaño. Es una violencia
invisible, amplificada y silenciada por
el Estado y los operadores de justicia.
La respuesta estatal y colectiva
debe apostar por el mantenimiento
del enfoque crítico de la intercultu-
ralidad como parte de un proceso
de resignificación de la identidad y
como garantía del cumplimiento de
los derechos de niñas, adolescentes
y mujeres. Lo anterior demanda de
protocolos de atención específicos y
situados en entornos de alta vulne-
rabilidad. En este caso, la formación
docente en perspectivas críticas so-
bre la interculturalidad y la intersec-
cionalidad, garantizaría, marcando la
permanencia de docentes que hablan
lenguas indígenas y mantienen cone-
xión con las comunidades y con las
redes construidas por el Estado.
La erradicación definitiva de la
violencia de género requiere recono-
cer los retos interseccionales que es-
tas niñas y mujeres enfrentan en su
día a día. Solo con la labor mancomu-
nada entre el Estado y las comunida-
des se pueden promover o fortalecer
políticas públicas específicas para
garantizar el derecho a una vida libre
de violencia.
En el Departamento de La
Guajira, resulta necesario e imperati-
vo implementar proyectos pedagógi-
cos con enfoques interculturales que
trasciendan la formación académica y
se inserten en el día a día de las co-
munidades. Al respecto, las institucio-
nes educativas deben implementar
protocolos reales de acogida para mi-
grantes y desplazadas, reconociendo
su estatus de población vulnerable
que se desplaza ante la explotación y
la xenofobia.
Asimismo, se propone el
rescate de la lengua wayuunaiki en
las escuelas, como espacio de resis-
tencia y de encuentro en territorios
interculturales, donde la violencia
simbólica, sexual y psicológica sigue
presente. Así, resulta fundamental
vincular la enseñanza, la escuela y los
aprendizajes cotidianos a la realidad
cultural, garantizando el funciona-
miento adecuado de las escuelas en
territorios indígenas, no solo como un
discurso propagandístico o como una
forma de folclorizar la diferencia, sino
como un espacio de dignificación de
la condición humana.
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     -
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dad, decolonialidad y representacio-
nes sociales. Revista Digital La Pa-
ENCUENTS
55
Revista de Ciencias Humanas,Teoría Social y Pensamiento Crítico
27 Mayo – Agosto (2026). PP: 43-56
ARTICULO
sión del Saber, 15
www.lapasiondelsaber.ujap.edu.ve/
index.php/lapasiondelsaber-ojs/arti-

-
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-
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

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
-
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ta-sobre-aumento-de-violen-

9nero-en-colombia
    -
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
Instituto Nacional de Medicina Le-
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    
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las Ciencias
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género en la salud mental en muje-
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org/10.53595/2310-9192.2026.02.05
Ministerio de Educación de Co-
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Ministerio de Salud de Colombia
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terminantes sociales. https://www.
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Sayuris Marnez, Claudia Salcedo y Clara Brito
Violencia de género en entornos interculturales: De las...
ENCUENTS
56
ARTICULO
Observatorio de Derechos Hu-
manos y Paz, Universidad Industrial
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Organización de las Naciones Uni-
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política territorial: Recomendaciones
para incluir el enfoque de niñez en
el Plan de Desarrollo de La Guajira
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Los estudios de género en Colombia.
Una discusión preliminar. Sociedad y
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lencia política de género: estudios y
perspectivas nacionales e interna-
cionales a partir de una revisión del
alcance. Ciência & Saúde Coletiva,
  https://doi.org/10.1590/
1413-812320253012.07222024ESP
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Debida diligencia frente a violencia de
género: estudio jurídico desde están-
dares internacionales de derechos
humanos. Revista Sociedad & Tec-
nología, 9  
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Vidal, J., Mejia, L. & Curiel, R.
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no social: Dimensiones filosóficas
para su evaluación. Revista de Filo-
sofía,     https://doi.
org/10.5281/zenodo.5644261
Villacampa, C., & Méndez-Hernán-
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las mujeres como forma de violencia
de género: resultados de una revi-
sión sistemática. Oñati Socio-Legal
Series, 16  
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